• Recurrent Anaximander [Anaximandro recurrente]
      

Recurrent Anaximander [Anaximandro recurrente] (2019)

  •   Rafael Lozano-Hemmer
  •  Pantalla de LEDs, software, aluminio, acero inoxidable, vidrio, 200 x 200 x 18 cm

Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad de México, 1967) ha desarrollado una corpus en donde interactúan arte, ciencia y tecnología. Formado en química física antes de orientarse definitivamente hacia las artes visuales, su trabajo se articula en torno a dispositivos electrónicos interactivos que integran programación informática, sensores y visualización de datos. Desde finales de los años noventa ha presentado instalaciones de gran escala en espacios públicos e institucionales, investigando la relación entre cuerpo, arquitectura y sistemas tecnológicos. Su obra aborda con frecuencia cuestiones vinculadas a la vigilancia, la participación colectiva y la representación de fenómenos invisibles mediante procesos digitales.

En Recurrent Anaximander [Anaximandro Recurrente], una superficie circular de gran formato se presenta como un disco luminoso de intensa tonalidad roja. La estructura metálica que enmarca el dispositivo —una pantalla de LED cubierta por un vidrio frontal— enfatiza el carácter industrial de la pieza. El software genera cambios continuos de intensidad y distribución lumínica; la configuración nunca se repite, de modo que la experiencia depende del tiempo de observación. La uniformidad cromática intensifica la sensación envolvente, y las variaciones de brillo crean una dinámica interna comparable a las imágenes de la superficie solar. El título convoca la figura del filósofo presocrático Anaximandro de Mileto (c. 610-546 a. C.), quien concibió el cosmos como un sistema de ruedas de fuego envueltas en aire y perforadas por orificios a través de los cuales escapaba la luz —origen, según él, del Sol, la Luna y las estrellas—. Su noción del ápeiron —la sustancia infinita e indeterminada de la que emergen todos los mundos y a la que inevitablemente retornan— está presente en la lógica procesual de la obra: un campo luminoso en perpetua mutación que no alcanza forma definitiva ni reposo. El punto negro, minúsculo frente a la vastedad del disco ígneo, puede leerse como el tránsito de un cuerpo celeste o como la pequeñez de lo mensurable ante lo ilimitado. Lozano-Hemmer traduce así, con medios electrónicos contemporáneos, una cosmología arcaica basada en ciclos, el fuego y lo indefinido.

El artista ha representado a México en la Bienal de Venecia (2007) y su obra forma parte de colecciones como las del Guggenheim, el Museo del Barrio y el MoMA de Nueva York, así como las fundaciones Daros (Suiza) y Cisneros Fontanals (Florida).