Si se piensa en un vínculo entre sociedad de consumo y arte, inmediatamente viene a la cabeza Andy Warhol, seudónimo de Andrew Warhola (Pittsburgh, 1928 - Nueva York, 1987), uno de los artistas más influyentes del panorama artístico del siglo XX.
Formado en diseño gráfico y colaborador habitual de revistas como Vogue o Harper’s Bazaar, Warhol abraza el arte pop en los 60, absolutamente familiarizado con el lenguaje de la publicidad, los medios de masas y la reproducción mecánica de la imagen. A lo largo de su carrera, Warhol mantuvo una constante experimentación con diferentes medios y métodos de producción, adaptándose a las tendencias artísticas contemporáneas sin perder su identidad distintiva.
A principios de la década de 1980, Warhol creó varios cuadros de Poinsettia o flor de Pascua, para regalar a sus amigos por Navidad. En este caso, la obra presenta un ramillete de flores de Pascua retratadas con líneas claras y distintivas en tinta blanca sobre un fondo oscuro neutro, lo que permite resaltar los contornos utilizando una línea minimalista sin menoscabar su presencia. El diseño refleja el enfoque característico de Warhol, mezclando sencillez e intensidad captando la esencia de las flores. La elección de la flor de Pascua, con sus connotaciones festivas y ornamentales, refleja el interés de Warhol por los elementos cotidianos que son transformados y repetidos en la cultura de masas, desdibujando las fronteras entre el arte elevado y los objetos de consumo masivo de carácter “decorativo”.
Por otro lado, la flor de Pascua, heredada de una tradición mexicana que se remonta al siglo XVI, evoca la época navideña que en el mundo entero pero especialmente en la cultura americana se convierte en la fiesta del consumo por excelencia. No es de extrañar pues, la elección de Warhol como tema gráfico para sus lienzos.