• Conjunción dinámica de dos pares de elementos curvos y livianos
      

Conjunción dinámica de dos pares de elementos curvos y livianos

Jorge Oteiza marchó a Argentina en 1935, regresó a España en 1948 y se quedó con las manos vacías de escultura –según sus propias palabras– en 1959, tras una extraordinaria evolución estética. Su presencia y trabajo en diversos países latinoamericanos le puso en contacto directo con planteamientos artísticos que, a partir de ideas constructivistas, tanto de la Bauhaus como del suprematismo, habían alcanzado una notable singularidad que Oteiza interiorizó con convicción. Unos planteamientos y una singularidad evolutiva que eran desconocidas en la España de los años treinta y totalmente impensables en los cuarenta. Cuando Oteiza se fue, muchos de los artistas que hemos visto en la sección de «Artistas vascos modernos», geográfica y cronológicamente cercanos a él, continuaban practicando un arte de lenguaje prevanguardista y temática localista que había aparecido décadas antes, que seguía empobrecido cuando regresó y que todavía perduraría durante muchos años.

Su retorno y el ejemplo de su obra supusieron, por tanto, un enorme salto cualitativo, concentrando en su persona la evolución que debería haberse producido en tres generaciones, al pasar de la figuración a la abstracción y del interés visual-retiniano a las indagaciones conceptuales. De hecho, no hubo evolución, sino quiebra. Oteiza no derivó de sus colegas vascos anteriores, sino que se reinventó en otro lugar y a la luz de otras ideas. En todo caso, su activismo artístico a partir de finales de los años cuarenta en Bilbao supuso un puente intergeneracional que dio paso a planteamientos más universales en el ejercicio artístico. El original de esta obra fue una de las esculturas presentadas en la IV Bienal de São Paulo (Brasil), en 1957, y con cuyo conjunto de piezas Oteiza ganó el gran premio al mejor escultor extranjero.

 
Caja vacía / Conclusión experimental N.º 1 (A)
1958