• Segundo cantoral III
      

Segundo cantoral III

En esta obra de Pablo Palazuelo –como en la mayoría de las suyas y de las obras que calificamos como abstractas– el objeto real es la energía, y no la representación de algo perteneciente a la realidad que podamos reconocer. Una energía que es expresada mediante vibraciones, radiaciones, líneas de fuerza…, con lenguajes que van desde lo visceral y expresivo hasta lo constructivo y geométrico, siendo innumerables los medios materiales para lograrlo. Para Palazuelo la materia es energía y su objetivo como pintor y escultor consistía en lograr una plasmación plástica de los ritmos internos de la materia, considerando la geometría como medida de la materia.

En esta pequeña pero exquisita obra, Palazuelo reúne dos de sus mayores afectos, las matemáticas y la música, en caso de que ambas cuestiones no traten de lo mismo con resultados diferentes. Hay aquí algo de escritura impenetrable a primera vista, y también de cartografía: formas de energía cinética ordenadas en un plano de fuerzas integradas.

La idea de cantoral remite a lo musical y esta obra nos conduce a las partituras donde aparecen escritas las notas que significan un gesto, un tono, un timbre…, una energía convertida en sonido pero que es visible aquí. Sobre un campo monocromo azul, los signos bailan en ordenadas líneas sin aclarar si son vacíos negativos aplicados al fondo o figuras positivas sobre él.

La música es sonido organizado matemáticamente, así que este ‘cantoral’ de Palazuelo es un dibujo organizado matemáticamente con aspecto de partitura misteriosa. Los números y la organización geométrica siempre estuvieron en la base, en los cimientos de su pintura, como punto de partida para la posterior organización del color. A veces esa base tramada queda oculta, sepultada, tras la adición cromática, pero en otra ocasiones, como en ésta, ese origen compuesto por centenares de líneas sobre el papel se hace patente aun y cuando, precisamente, el color azul invade casi toda la superficie pictórica para dar lugar a una caligrafía exótica o a una escritura musical dispuesta a ser interpretada por la mirada.