Conocido por su rigurosa experimentación con los materiales y su capacidad para evocar extrañas experiencias sensoriales, la práctica de Kapoor (Mumbai, 1954) desafía los géneros mezclando a la perfección enfoques escultóricos y pictóricos. Piedra angular en la historia del arte contemporáneo británico y mundial, sus obras distorsionan el espacio físico e interrogan los procesos alusivos de la percepción visual. Piezas monumentales como Marsyas, un encargo para la sala de Turbinas de la Tate Modern, o Cloudgate, una escultura permanente en el Millennium Park de Chicago, han continuado su programa conceptual, aunque estos mismos conceptos, así como la exploración de la forma y el color se encuentran ya presentes en sus primeras obras sobre papel.
De este modo los gouaches de Kapoor que han sido un aspecto integral de su práctica artística desde sus inicios, tienen una fuerte resonancia en la ausencia y la presencia; son misteriosos, convincentes, lo contienen todo y nada. Sus obras a menudo desafían la percepción visual y se presentan como objetos de contemplación meditativa, en los que la exploración del vacío, pasa algunas veces por anular los sentidos, jugando con la idea de lo interior y lo exterior, el vacío y la génesis.
La obra pertenece a una etapa en la que Kapoor ya había consolidado su reputación internacional con obras icónicas. La coincidencia cronológica con la creación de Sky Mirror, un proyecto del Nottingham Playhouse, no parece accidental. Los espejos cóncavos del artista generan justamente un hueco en el territorio, una isla que traslada la simplicidad de lo celeste a lo terrestre donde las imágenes muestran por lo general el blanco de las nubes rompiendo la uniformidad azul del cielo.