Inscrita en una tradición pictórica que busca retratar la esencia desde una perspectiva costumbrista y emocional, la obra de Valentín de Zubiaurre (1879-1963) está profundamente conectada con la pintura regionalista vasca. Se diferencia, sin embargo, de otras aproximaciones por su lenguaje pictórico sin intención dramática, pero con una marcada valoración retratística que proyecta cierta melancolía en los rasgos de sus personajes.
Su formación académica, marcada por los maestros de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y sus visitas al Museo Nacional del Prado, lo vinculan estrechamente con la tradición clásica y con los grandes maestros del pasado. La atención a la luz y a la textura, así como la construcción volumétrica de sus figuras, revelan su admiración por los primitivos flamencos e italianos. Sin duda, Zubiaurre mira a sus coetáneos Darío de Regoyos e Ignacio Zuloaga, pero asimila estas influencias de manera personal, creando un estilo propio caracterizado por una sensibilidad contenida y una profunda humanidad.
En este óleo, los arrantzales que protagonizan la escena son figuras robustas y concretas, cuyas posturas y expresiones sugieren una íntima conexión con el paisaje que habitan. La fuerza de las olas y el dramatismo del cielo en el fondo no tienen intención descriptiva: el mundo natural no es tanto un decorado como una prolongación de la identidad de los pescadores. En el hieratismo del rostro puede leerse un testimonio íntimo de la dureza de la vida y de su resistencia frente a las adversidades. Arrantzales representa así la culminación de décadas de exploración artística en torno a la vida y costumbres vascas, renunciando a la solemnidad simbolista de sus primeras obras a favor de un dibujo menos rígido, fondos más dinámicos, con pinceladas más sueltas y una paleta más vibrante.
Valentín de Zubiaurre, que gozó ya de reconocimiento internacional en los años previos a la guerra civil española, fue galardonado con la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1957, un año después de la creación de Arrantzales, consolidando así su posición como una figura fundamental del arte español.