• Idilio en el puerto
      

Idilio en el puerto

Arteta había alcanzado en este momento otra plenitud dentro de la particular evolución de su estilo, un posimpresionismo dotado con texturas de pintura mural junto con una depuración formal de la realidad contemplada por el pintor y en la que introducía escenas de emotivo y contenido lirismo. Todo ello en el marco de la prolongación de un costumbrismo vasco afecto a las temáticas populares, como en este puerto marinero de horizonte inexistente, marco cerrado para unas relaciones amorosas en las que el hombre es activo –con sus brazos, piernas y palabras– ante la pasividad de la mujer, quien escucha ensimismada lo que aquel le susurra al oído. La visión está orientada hacia la población, cuyas construcciones se observan al fondo fragmentariamente –como los barcos–, y el mar carece de protagonismo, presente apenas en las aguas remansadas del puerto.


La comparación entre los dos idilios en el puerto realizados por Arteta y Ucelay resulta magnífica para comprobar las diferencias entre dos generaciones pictóricas, la que nació en torno a 1880 y la que lo hizo alrededor de 1900, la que creció al calor de la tríada Gauguin-Cézanne-Van Gogh y la que se dejó ganar por las vanguardias posteriores. Ambas pinturas, sin embargo, fueron realizadas hacia 1930 y esa sincronía en la ejecución es lo que, precisamente, revela los cambios que en poco tiempo se produjeron en el arte elaborado en el País Vasco.

 
Salida de misa
1910