• Idilio en el puerto
      

Idilio en el puerto

Frente al costumbrismo vasquista dominante en las primeras décadas del siglo XX entre los pintores nacidos en el País Vasco, Ucelay inició un despegue cosmopolita y elegante sin perder en ningún momento conciencia de su pertenencia al territorio en que nació y su gusto por los temas locales. Con él desaparecieron los aldeanos sudorosos, los pescadores abotargados y las mozas beatas para dar paso a aristocráticas campesinas y labradores con espíritu de gentleman. El aire cerrado se difuminó y el aire fresco entró en las viejas casonas. Así lo evidencia esta pareja de novios en un muelle pesquero de resonancias metafísicas: vestidos como urbanitas, con ella como elemento activo de su enlace ante la distracción de él frente al horizonte bajo una noche surreal. Las huellas de su reciente estancia en la Residencia de Estudiantes se hacían visibles.
Arteta dispuso unos ropajes austeros y neutros –patente en el caso de ella, que queda enteramente cubierta–, y solo la boina de él aporta un acento popular. La pareja de Ucelay viste con atuendos modernos, sin ambigüedades, y la flor en el hombro de la mujer refuerza el aire de frescura y naturalidad que le confieren la blusa de escote sin mangas y la corta falda.

La pareja muestra una actitud contraria a la contemplada en la pintura de Arteta: en este caso la activa es la mujer, que sujeta al hombre mientras este une y resguarda sus manos tras la espalda. Un aire melancólico los envuelve. La mujer aparece sentada y orientada hacia tierra, en tanto el hombre permanece de pie oteando el horizonte por encima del velero que dirige su proa hacia el interior del puerto. La luz es fantasmal, lunar, y su presencia sobre las nubes proyecta intensas sombras de los cuerpos.

También en esta pintura hay una pareja de jóvenes en un puerto, pero las circunstancias y el estilo son completamente diferentes. Tanto los muelles como el faro y la caseta colindante presentan tintes metafísicos e irreales, sin querencia por apegarse a la realidad, sino por sugerir, simplificando como en sueños, cierta situación en un escenario de silencio y soledad. Las nubes empujadas por el viento sur, tan características de Ucelay desde fechas tempranas, introducen un desorden natural en un paisaje marino de azulada serenidad. No existen evocaciones localistas y tanto el escenario como los personajes carecen de una geografía concreta aunque, como en el caso de Arteta, se trata de Bermeo y la desembocadura de la ría de Gernika.

 
Paisaje
1977
Bodegón
1978