• Pareja en el puerto
      

Pareja en el puerto (1918)

Alberto Arrúe Valle (Bilbao, 1878-1944), el hermano mayor de una familia de artistas (Alberto, José , Ricardo y Ramiro), fue una figura destacada en la escena artística local de principios del siglo XX. Pareja en el puerto es, sin duda, una de las obras más importantes de su carrera. 

Nacido en Bilbao, se forma tempranamente con Lecuona y en paralelo asiste a las clases de la Academia de Bellas Artes de esta ciudad, con los maestros Guinea y Arámburu. En 1894 es pensionado y se  traslada a Madrid para continuar su aprendizaje en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde sus profesores son Muñoz Degrain y Moreno Carbonero.

Gracias a una beca de La Diputación Foral de Bizkaia, tras una estancia en Italia donde realiza ya pinturas de gran relevancia en un estudio propio,  se traslada a París. Durante los dos años que vive en la capital francesa se relaciona con el núcleo de artistas vascos afincados allí, entre los que destaca Aurelio Arteta, pintor junto al que, entre otros muchos, a su regreso a Bilbao, fundará la Asociación de Artistas Vascos en 1911. 

La obra de Arrúe que abarca la pintura, el grabado, el dibujo de decorados teatrales y la ilustración en diarios como El Liberal, se concentra en temas, escenas y tipos del imaginario vasco: pescadores, aldeanas, romerías…, siempre con predominio de la figura humana, contribuyendo de manera importante al desarrollo del arte en la región y la llamada pintura etnológica vasca. 

En Pareja en el puerto, el artista presenta a una mujer y un hombre en primer plano, frente a un fondo que sugiere una ciudad o un pueblo marinero. En el tratamiento de los personajes destaca el énfasis en lo colorista del costumbrismo, donde éstos se representan con rasgos muy marcados, investidos de cierta actitud solemne y ataviados con los trajes típicos locales y gremiales, elementos enfáticos del orgullo y la fuerza del arraigo en los protagonistas.
Es reseñable también el uso del color, con el rojo de la chaqueta típica vasca o kaiku y en el rostro del marinero destacando como punto focal. Un remo divide la imagen entre lo masculino: llamativo, encarnado e intrépido,  y lo femenino, en tonos fríos, lunares o marítimos, reforzando tanto la expresión firme de ella como la importancia de la mujer y la mar en la mitología y cultura vascas. 

Aunque menos reconocido que algunos de sus contemporáneos, en la actualidad su obra se encuentra en colecciones como la del Museo de Bellas Artes de Bilbao, la Diputación de Bizkaia y el Museo Provincial de Vitoria.