• Gravitación
      

Gravitación

Lo profundo es el aire, decía Eduardo Chillida, pero otra profundidad es la que se halla detrás de la piel, que permite intuir o vislumbrar la materia, no aire, que encierra tras la delgadez de su cubrimiento. La piel-papel tatuada o impregnada, perforada o troquelada, deja ver otra corteza situada más allá, tras las delgadas líneas de los bordes recortados, gravitando una sobre otra, insinuando una mínima profundidad que formula la pregunta de qué otra piel –pellejo, cuero…– se oculta tras la última que vemos.

Este relieve escultórico, en papel, cargado de energía interior, al levitar porta un halo de espiritualidad, una lucha mística contra la gravedad en la que se perciben sonoridades mudas.

Nada dado a retóricas, los trabajos de Chillida se formulan con unos mínimos datos que, no obstante, resultan hondamente elocuentes: dos papeles, uno delante del otro y cosidos en su límite superior, cuelgan de unas finas cuerdas; el primero, de bordes irregulares, muestra tres signos negros, unos trazos rectangulares no paralelos, junto a un par de pequeñas ventanas cuadradas a través de las que se observa el papel trasero, del que no sabemos más que lo que tales ventanas muestran (pero sabemos que está ahí). La piel trabajada, por tanto, es la delantera, pero gracias a la trasera constatamos su delgada densidad y una profundidad a través del vacío intermedio. Ocupado en negro y vaciado en blanco; tres visibles y dos invisibles; más o menos horizontales y más o menos verticales; sin ángulos rectos, formulando una mínima y discreta danza.

 
Utsune [Vacío]
1966-68